Así no

Hay un lugar común en todos los escenarios donde se habla del crecimiento de la economía, y es que el mismo no se refleja en los principales indicadores como pobreza y la calidad de vida.

En el pasado reciente siempre se ponía en duda el dato acerca del crecimiento, pero el desempeño de los diferentes sectores productivos y de servicios de manera continua durante los últimos dieciséis años ha obligado a los incrédulos a admitir esa realidad.

Todo ello, al margen de que si se mira el crecimiento urbano en términos de impacto en las edificaciones, mayormente donde viven las clases adineradas y la clase media, se puede percibir el cambio. O simplemente, los cambios en los estilos de vida, el auge del comercio, el tránsito imparable día y noche y en alguna medida la capacidad de consumo en general, sin considerar cómo la economía ha podido asimilar la presencia de miles de inmigrantes que encuentran qué hacer.

La transformación del polígono central del Distrito Nacional, la explosión hacia el cielo desde la avenida Máximo Gómez hacia la Luperón, o los cambios hacia el Noroeste de la avenida Kennedy, no se observan en los barrios populares como San Carlos, Villa Juana, Villa Consuelo, Villa Francisca, Luperón, Ensanche Espaillat, Domingo Savio, Capotillo, etcétera. Vemos una degradación ambiental y habitacional. La gente, vista a través del impacto urbano y la calidad de la vivienda, ha empeorado.

Lo anterior tiene que ver con la declaración reiterada por el representante del Banco Mundial Alessandro Legrottaglie, quien dice que “si la pobreza en RD hubiera respondido al crecimiento económico como lo hizo – en promedio – en la región de América Latina entre 2005-2015, la tasa de pobreza en el país en 2015 se reduciría a menos de la mitad y el número de pobres sería menor en 1.4 millones de personas”. Esas estadísticas fueron citadas en ocasión de la publicación por parte del Banco Mundial del libro “Para construir un mejor futuro juntos-Notas de políticas de República Dominicana”.

Tal apreciación remite a lo de siempre: la riqueza generada por la economía se queda en pocas manos y en consecuencia no se derrama. Unos pocos cada vez más ricos y la mayoría se hunde en la pobreza. Eso es crecimiento inequitativo. Así no.

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