Cantan réquiem al antirreeleccionismo

    De un somero inventario de las posiciones sobre la reelección de los principales líderes políticos y partidos del país, la conclusión es que todos son reeleccionistas.

    Si algún reducto persistía desfalleció con la reciente decisión de eliminar el artículo 101 de los estatutos del PRM para establecer “el derecho de un presidente de la República del partido a aspirar a un segundo período”.

    Esa aprobación no fue muy sazonada por ser casi un cumplido porque el artículo 124 de la Constitución permite optar por un segundo período consecutivo.

    Pero no deja de ser trascendente que sea precisamente gente que tiene a Peña Gómez como su inspiración y guía la que haya abierto las compuertas a una cuestión que era asumida como principio ético-histórico.

    Para Peña Gómez, la reelección era inaceptable en su partido, un mal, un cáncer, ante lo cual nunca transó.

    No reivindicamos ninguna tesis positiva ni negativa sobre lo que ha significado la reelección presidencial en la República Dominicana; eso lo dejaremos a los historiadores, que podrían verla con un prisma que abarque a toda Latinoamérica.

    Solo pretendemos hacer constar que la decisión del PRM acerca de su artículo 101 viene desde el PRD, que lo dejó pendiente de un congreso partidario pues ese impedimento era el estertor, el resabio, de los que se aferraban a ese principio.

    Lo que ha hecho el PRM es finiquitar la hipocresía y la simulación del discurso antirreeleccionista.

    Aunque arrastrar esa posición hasta hoy era una especie de autochantaje porque la continuidad en el poder no sería mala per se; hay un ejemplo recientísimo en Angela Merkel.

    La canciller y jefe del estado federado, ganó una elección en 2005 y triunfó en otras cuatro ocasiones, pero más que reelección por su popularidad, eran casi aclamación.

    Por un tiempo Angela Merkel encarnó el “vuelve y vuelve” que patentó en Dominicana Joaquín Balaguer, conjuntamente con que “no se cambia de caballo cuando se vadea un río”, ambas tantas veces satanizadas por partidos y políticos dominicanos que ahora ya no las aborrecen y ni siquiera las recuerdan.

     

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