Ciclones y terremotos

    A tan solo dos semanas del terremoto de 7.2 grados en territorio haitiano, y en la víspera de los 42 años del devastador huracán David, categoría 5 y a más de 240 kph, que se cumplen mañana, nos sirve para recordar que tenemos que estar siempre preparados y atentos ante estos fenómenos.

    Por el frecuente embate de eventos hidrometeorológicos, se puede decir que los organismos de protección civil han acumulado suficiente experiencia, aunque hay vacíos significativos por la ausencia de sistemas de radares para dar seguimiento a los fenómenos atmosféricos que nos amenacen, y
    también se necesitan más estaciones automáticas en todo el país.
    Pero no tenemos la misma capacidad preventiva y hay menos conciencia colectiva para movimientos telúricos. Es tan así que solemos hablar y aterrorizarnos por los terremotos en territorio haitiano pero muy pocas veces nos damos por enterados de que compartimos la misma isla.

    Incluso hay una realidad que nos obliga a no cerrar los ojos: en el territorio dominicano hay varias fallas activas, las más importantes son la ubicada en la parte sur en el mar Caribe y la del lado norte de la isla.

    Un hecho positivo es que en las últimas semanas, quizá aguijoneadas por el terremoto del pasado día 14 en Haití, las autoridades dominicanas nos han estado alertando y dicen que hacen los aprestos de lugar por la posibilidad de que un sismo de gran magnitud nos afecte.

    Se anuncian planes para intervenir edificaciones escolares, hospitales, puentes, carreteras, túneles y elevados, así como dar estricto cumplimiento a los estándares establecidos al momento de autorizar nuevas edificaciones.

    Confiemos en que esos planes se ejecuten en el corto plazo, como una forma de dar continuidad también a sucesivas campañas destinadas a crear conciencia en toda la sociedad.
    Esto debe implicar la intervención de muchos edificios antiguos, que albergan enormes cantidades de empleados públicos y algunas plazas comerciales donde se aglomeran demasiadas personas.

    Ojalá estos fenómenos, que todavía no nos han tocado de lleno, sirvan para que la prevención se convierta en una prioridad de estas y de las futuras autoridades.

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