Se cumplen mañana cuatro años de la invasión rusa a Ucrania y probablemente resonarán discursos de los que azuzan esta guerra porque los beneficia, pero el recuento objetivo deja ver que se trata de un pleito mal casado que pudo evitarse.
Sobran alabanzas para el heroísmo y patriotismo ucraniano, y para invocar la defensa de una democracia y libertad que ninguno de los instigadores practica en sus países. Mientras, en los hechos marginan o manipulan las decisiones del agredido, que pone los muertos, sufre la destrucción de sus infraestructuras y el robo de sus riquezas.
Da una idea real del actual campo de batalla que, en el más reciente intercambio de cadáveres, el pasado 29 de enero, Rusia devolvió 1,000 cuerpos a Ucrania y recibió 38. Anteriormente, en julio 2025, Rusia entregó a Ucrania otros 1,000 cuerpos de soldados y recibió 19.
Es una situación calamitosa. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informó que Ucrania sufre la mayor crisis de desplazamiento de Europa. De los 9.6 millones de personas que tuvieron que huir de sus hogares, 3.7 millones son desplazados internos.
Unicef reveló recientemente que de los aproximadamente 60,000 niños que vivían en Jersón antes del inicio de la invasión rusa el 24 de febrero de 2022, solo quedan 5,000.
Es la triste realidad de una confrontación desigual, continuidad que todavía algunos defienden, en un país que ha perdido hasta su independencia económica, a juzgar por la firma con Estados Unidos el 30 de abril de 2025 del Fondo de Inversión para la Reconstrucción.
Incluso, el gran tema pendiente para cuando finalice la guerra en un país destruido e hipotecado, es esa goloseada reconstrucción, estimada por el Banco Mundial en aproximadamente 500 mil millones de dólares.
A cuatro años del inicio de la que el papa Francisco calificó de “guerra insensata”, es tiempo de rechazar la falsa plegaria que condena la invasión, pero aviva la guerra; tiempo de expresar solidaridad con refugiados y desplazados; ayudar a quienes están sufriendo y pedir iluminación para las mentes de los que tienen el poder de acallar las armas y poner fin inmediatamente a esta conflagración.
