La paternidad es una misión que se impone cuando se engendra una vida, y a diferencia de otras misiones, en la mayoría de los casos no hay una preparación previa para desempeñarla, de manera que se aprende a los tumbos, sobre la marcha, con ensayo y error.
Cuando ese aprendizaje de paternidad es guiado por el amor, lo que felizmente sucede en la mayoría de los casos, el resultado suelen ser hijos que desarrollan las tres capacidades que necesita todo ser humano para realizarse: estudiar, trabajar y amar.
Las sociedades evolucionan, la época en que las mujeres debían quedarse en la casa a cuidar y a criar a los niños ha quedado atrás, una enorme cantidad de mujeres estudia o trabaja afuera y la crianza de los muchachos se comparte, ya no es inusual ver a los hombres que llevan a los chicos a la escuela, al médico, o a jugar en parques y plazas para que las mamás trabajen o estudien.
Y no son los únicos cambios, la modernidad exige que a los chicos se los escuche en lugar de simplemente darles órdenes indiscutibles, en una muy alta proporción el castigo y la disciplina física (aunque nuestros legisladores no se den por enterados) van quedando atrás y son reemplazados por la crianza positiva.
Los papás de hoy tienen que estar preparados, además, para afrontar múltiples desafíos, desde los peligros comunes de la calle o del barrio hasta los riesgos de la exposición al ciberespacio, entre otras amenazas que acechan a los niños y a los adolescentes.
La paternidad suele tener altibajos cuando los chicos llegan a la adolescencia, esa etapa dolorosa en la que se están formando, pero creen saberlo todo, y entonces se producen choques que obligan a los papás a ser flexibles en determinados casos y muy firmes en otros, lo que nunca es fácil.
Desde el nacimiento el vínculo que se establece entre padre e hijo es para siempre, la única manera de afianzarlo es partir del afecto, del amor que cuida y protege, del cariño que guía y orienta, de la aceptación respetuosa y desde la paciencia, pero siempre y en todos los casos, desde la certeza de que se quiere lo mejor, aunque no siempre sea lo que el papá prefiera.
En este día especial, vayan nuestros parabienes para todos los padres de esta patria dominicana.
