Drama que debemos evitar

Entre la tarde del pasado jueves y la madrugada del viernes llovió consistentemente en el Sureste y parte del Suroeste.

Entre la tarde del pasado jueves y la madrugada del viernes llovió consistentemente en el Sureste y parte del Suroeste. En otras regiones cayeron algunas aguas. Y ayer, el Comité de Operaciones de Emergencia ya informaba que 4,890 personas debieron ser desplazadas de sus viviendas por las precipitaciones. Las autoridades han puesto en alerta verde 18 provincias y otras 5 en alerta amarilla. A consecuencia del temporal, 978 viviendas fueron dañadas y cinco quedaron totalmente destruidas.

Asimismo, 321 mil 287 personas quedaron sin el servicio de agua potable porque 14 acueductos administrados por el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa) quedaron fuera de servicio. Afortunadamente, no hay muertos ni heridos.

Estos datos son reveladores de la vulnerabilidad que acusan muchos asentamientos humanos; con qué facilidad son dañadas las viviendas donde viven o sobreviven miles de personas.

Son aquellas que aparecen en los reportes nacionales y de organismos internacionales que “salen” de la pobreza crítica, pero con cualquier chaparrón quedan en pobreza absoluta.

Se evidencian las permisividades de las autoridades que se hacen de la vista gorda y dejan que las personas ocupen cualquier lugar, condenados a vivir por siempre en condiciones infrahumanas.

Ahora los “desplazados” volverán dentro de unos días, si no llueve, a los mismos lugares, con la certeza de que en cualquier momento sufrirán el mismo drama.

Es el viejo problema de la habitabilidad que no termina de ser asumida por el Estado como política fundamental en todas sus vertientes, en materia territorial o como drama que enfrentan tantas familias sin techos adecuados.

Las lluvias, sin embargo, dejan sus buenas, como agua en las presas para el consumo humano, servicios y agricultura. La Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD), ha dicho que esas horas de precipitaciones mejoraron los niveles de los embalses y que el déficit en el Gran Santo Domingo disminuyó considerablemente.

Los caudales de los ríos Haina, Duey, Isa-Mana e Isabela mejorarán considerablemente y algo debió caer en la cuenca del Nizao que abastece el acueducto Valdesia-Santo Domingo.
Las aguas dañan a muchos. Un drama que debemos evitar. Pero también dejan sus beneficios.

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