Nada que agregar sobre la gravedad del momento que vive Venezuela. El gobierno de Nicolás Maduro, cada vez más aislado y sometido a presión liderada por Estados Unidos. En paralelo un “presidente provisional” encarnado en el presidente del Parlamento Juan Guaidó. El nivel de tensión no podía ser más alto.
Por un lado, países que reconocen a Guaidó, y por el otro, la minoría de países latinoamericanos y caribeños que reconocen la representación del Estado venezolano en las manos de Maduro, más Rusia, China, Irán y Turquía. México y Uruguay promueven la salida dialogada.
La administración de Donald Trump ha bloqueado los fondos de Citgo, la filial de Pdvsa en Estados Unidos. Dice que los pondrá en manos de Guaidó. También advierte a sus conciudadanos no viajar a Venezuela, al tiempo que alienta a los militares a sublevarse contra Maduro.
La Internacional Socialista reconoció a Guaidó, y lo alentó a conducir la transición hacia la democracia, apoyada en la legitimada de la Asamblea Nacional y pide celebrar comicios, urgentemente.
Naciones Unidas contabiliza 40 muertos y 850 detenidos a partir de la juramentación de Maduro y reclama el respeto de los derechos humanos.
Esta vez los seguidores de Chávez están muy a la defensiva, con la opinión pública desfavorable entre los ciudadanos de la mayoría de los países.
En el terreno de los hechos, hay dos fuerzas confrontadas, una expresada en la Asamblea Nacional y la otra en la administración de Maduro, respaldada por el Ejército y las demás instituciones del Estado. Es un conflicto por el control del poder.
La balanza de la mayoría de los países se inclina por la simple salida de quienes detentan el poder real, incluso, si fuese posible, mediante el uso de la fuerza, hasta una intervención, como ha sugerido EE.UU. Pero no se sabe si esa vía podría conducir a un nivel de confrontación mayor.
El papa Francisco dijo ayer que le “asusta un posible derramamiento de sangre en Venezuela” y ofreció su ayuda si ambas partes la quieren.
Las opciones están sobre la mesa, pero la mejor seguirá siendo el diálogo, aunque no parece que las dos partes estén dispuestas a intentarlo. El diálogo es la mejor manera de evitar la sangre.
