Justicia, aunque tardía

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    A veces son tan pequeñas las cosas que deben hacerse desde el poder, que los simples no entienden por qué no se llevan a cabo, y tiene la gente que reclamar, pelear, sufrir y hasta morir para que le hagan caso.
    Fue el drama de los trabajadores que entregaron sudor y lágrimas en los cañaverales del Consejo Estatal del Azúcar (CEA), y que durante años vieron morir algunos de sus compañeros en el largo camino para conseguir una pensión que hace años debieron tener, más que por los montos que acumularon mientras trabajaron, por justicia y solidaridad, por lo que dieron a la economía agrícola de la Nación.

    Fue un reclamo durante más de una década, que cobró vigor a partir de las administraciones del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), durante las cuales y a fuerza de reclamos y ruegos concedieron alrededor de 3,213 pensiones, repartidas en el gobierno de Leonel Fernández y más recientemente, en la gestión de Danilo Medina. Pero una cosa tan pequeña para el Estado, aunque tan significativa para sus destinatarios, debió ser atendida oportunamente como se requería.

    Y le ha correspondido al presidente Luis Abinader cerrar un asunto tan pequeño. Postergarlo como venía ocurriendo era una vergüenza. Porque significaba nada para las arcas públicas en medio del despilfarro.

    Lo más doloroso es que mucha de esa gente murió sin ver su pensión. De los alrededor de 8 mil peticionarios, apenas terminaron beneficiados 4,823 trabajadores, con los 1,610 que ahora reconoce el nuevo gobierno.

    El resto falleció en el largo camino.

    Dos aprendizajes aportan estos héroes, no solo de los campos azucareros, sino de la lucha por sus derechos y de la vida misma: la resistencia y la organización. ¡Cómo hicieron para financiarse decenas de viajes desde sus remotos lugares hasta el Palacio Nacional!

    Un fuerte liderazgo los acompañó sin dobleces. Jesús Núñez, quien en algún momento contó a elCaribe cómo hacían para proseguir su lucha.

    Los obreros retirados no tendrán que volver a las soleadas explanadas del Palacio Nacional. Al fin, lo lograron. No se cansaron nunca, incluso, cuando dejaron de ser “noticia”, cuando su protesta se convirtió en rutina. ¡Hasta la indiferencia!

    Justicia, aunque tardía.

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