El pasado día 12 de este mes se cumplieron cuatro años del secuestro y asesinato de Blas Olivo, un periodista que ejerció durante más de dos décadas con una magnífica hoja de servicio en diferentes medios de comunicación.
Víctima de la inseguridad que tanto perturba a los dominicanos, fue atacado cuando viajaba solo desde Bonao hacia Santo Domingo. Los señalados como responsables del crimen fueron capturados y el pasado 22 de febrero empezó por fin el juicio de fondo.
Pero ha sido evidente la lentitud con que se ha manejado el caso, ya por falta de gestión de los responsables de presentar a los acusados ante el tribunal o por la lentitud que deplorablemente caracteriza a la justicia dominicana.
Para el 26 de este mes está prevista la continuación del proceso y la esperanza de los familiares de Blas, de su viuda Raquel de la Cruz, sus hijos y demás familiares, es que el caso no se detenga.
No hay razones, con los seis acusados del asesinato en prisión, para que el caso no llegue a su fin. La justicia debe proceder como manda la ley. Es un reclamo de la familia, de la sociedad y de los colectivos a los que perteneció Olivo.
El Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) y todos los periodistas deben adoptar una actitud más firme al lado de la familia de Blas Olivo, y reclamar que los jueces le den la debida celebridad al proceso.
Tantos reenvíos, durante tanto tiempo, sólo han servido para pretender borrar la indignación que el crimen provocó en todo el país, y prolongar el sufrimiento de los parientes de Blas Olivo, que ven cómo la posposición del proceso atenta contra el principio de justicia oportuna.
Buscan que se olvide el asesinato de un hombre bueno. Y con el tiempo, que no haya castigo condigno.
Es justicia lo que se pide, simplemente.
