La formación docente

    Las calidades de los bachilleres de hoy y los profesionales de mañana están muy determinadas por quienes fueron parte de su formación inicial y el entorno donde realizaron sus estudios. Puede observarse en las generaciones que se formaron bajo el influjo de buenos maestros.
    Naturalmente que las condiciones de las familias, y con ellas el acceso a una educación de calidad, juegan un papel, y no siempre todos tienen las oportunidades que devienen en privilegio. Por eso la importancia de que el Estado sea garante de la educación de calidad, que es el primer peldaño para reducir las desigualdades.

    La buena formación empieza por la calidad y la vocación de los docentes, igual el Estado debe asumir los retos que conlleva su formación. Los institutos de formación docente juegan su papel, pero la realidad sugiere que el mayor flujo de los diplomados en ciencias de la educación proviene de las universidades.

    ¿Cómo hacer que las universidades contribuyan al buen propósito? Vista la realidad de los rezagos de la educación dominicana, que se reeditan permanentemente, de alguna forma hay que tratar de dar un salto para imprimir mayor calidad a la educación básica e intermedia.

    Ahora se está en un buen momento para avanzar. La profesión de maestro ha cobrado otra dimensión. Tiene atractivos que no se conocieron en el pasado: salarios mínimamente decorosos, sistema de seguridad social, como salud y planes de retiro, más servicios de créditos a través de una poderosa cooperativa.
    Además de la vocación, esos estímulos empujan a muchos a optar por ese oficio.

    Es el mejor momento para aplicar la normativa 09-15, que establece algunos criterios de admisión a las universidades para quienes optan por la carrera magisterial. La prueba para el ingreso a la carrera es necesaria.

    La queja de las universidades, que vieron incrementar su matrícula en los departamentos de Educación, y que se reduce porque no todos califican para la carrera, bien puede ser abordada por el Estado mediante subsidios que compensen la pérdida de alguna proporción de ese ingreso.

    Pero no deben continuar graduando gente que luego no podrán superar las pruebas de un serio concurso para ocupar una plaza de maestro. Lo otro sería reproducir la mediocridad por siempre.

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