Cualquier cosa que se haga para mejorar los servicios en los hospitales públicos está bien. Resulta que ahora, ante el aumento de muertes por infartos agudos al miocardio, el Servicio Nacional de Salud (SNS) y la Sociedad Dominicana de Cardiología (Sodocardio) activarán un llamado “Código Infarto” mediante el cual 25 centros hospitalarios estarán en capacidad de responder las emergencias de ese género.
Ayer hablábamos de las implicaciones de los traslados de pacientes en situaciones que demandan asistencia oportuna, desde lugares remotos hasta los centros habilitados.
El mismo director del SNS, Chanel Rosa Chupany refiere casos como el de Pedernales, en uno de los extremos del país. La cuestión se atenuaría si los centros hospitalarios regionales contaran con las capacidades que permitan atender adecuadamente los problemas que ocurren en esas comarcas.
Nunca será lo mismo trasladar a un paciente infartado o con un problema cerebral desde Pedernales hasta Barahona que hasta Santo Domingo. Pero igual, un traslado desde Barahona hasta Santo Domingo podría evitarse si el centro regional tiene la debida capacidad resolutoria.
La presidenta de Sodocardio, Claudia Almonte reveló que durante el año 2015, se registraron al menos 15 mil infartos, que terminaron con la vida de cinco mil personas, y otras quedaron con fallas cardíacas, problemas renales o alguna discapacidad. Un porcentaje de las víctimas fatales murió en el traslado o no fue atendido oportunamente en el centro donde fueron llevados.
Nuevos procedimientos para mejorar las emergencias siempre serán bien recibidos, pero hay que insistir en la necesidad de dotar a los centros regionales de las capacidades y equipos adecuados para evitar esos largos traslados, angustiosos y gravosos para las víctimas y sus familiares.
No sabemos si gritamos donde nadie tiene oídos para oír, porque no se trata de nada nuevo. Son los mismos problemas seculares de la salud pública dominicana.
Es que hay serios déficits estructurales e institucionales que no terminan de ser solventados, porque el sentido de prioridad sobre los intereses colectivos es demasiado difuso, por no decir otra cosa.
