OEA y Venezuela

    La situación general de Venezuela es muy penosa, pero tememos que podría agravarse, y que incluso degenere en escenario de confrontación armada de largo alcance, entre venezolanos.

    Un grupo de países, entre ellos República Dominicana, de la mano de Estados Unidos, alimenta esa situación con actos y acciones que en vez de bajar la tensión, alientan el conflicto.

    Ayer, el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó una resolución que reconoce a Gustavo Tarre como representante permanente “designado” por el Parlamento de Venezuela, presidido por Juan Guaidó.

    La resolución fue aprobada por 18 de los 34 de los Estados miembros, entre ellos República Dominicana; nueve naciones votaron en contra y seis se abstuvieron.

    Es obvio que esa resolución avanza hacia el objetivo de escalar el aislamiento del gobierno de Nicolás Maduro y propiciar su caída y desecha la posibilidad de diálogo que auspician México, Uruguay y Bolivia.

    El Consejo de la OEA decidió acoger al enviado de Guaidó como “representante permanente designado de la Asamblea Nacional, hasta que se celebren nuevas elecciones y el nombramiento de un Gobierno democráticamente electo”.

    El embajador de México, Jorge Lomonaco, hizo una interesante reparación: “¿Cómo va a funcionar esto?, ¿Va a haber dos sillas?... Me pregunto si esto sentará un precedente para que el Poder Judicial mexicano o el Poder Legislativo mexicano envíen representantes a la OEA, además del Poder Ejecutivo. O dado que somos una federación, los 32 estados que conforman la federación”.

    El embajador mexicano cuestionó la capacidad del Consejo Permanente de la OEA para reconocer a un enviado del Legislativo de Venezuela como embajador ante el organismo, ya que los representantes siempre son nombrados por el Ejecutivo.

    De todas formas, el gobierno de Venezuela ha expresado su interés en retirarse de la OEA, lo que ocurrirá el 27 de este mes. Habría que ver qué tan vinculantes serían las resoluciones de la OEA para el gobierno de ese país.

    Está claro que se persiste en crear las condiciones, no ya para desestabilizar a un país que hace tiempo navega en una crisis extrema, sino para legitimar una intervención extranjera.

    Sería lamentable que la sangre corra entonces a raudales.

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