El próximo martes 23 comenzará el debate de alto nivel del 80mo. Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, un cónclave que cada año genera menos expectativas porque se ha convertido en un ente inoperante por su composición basada en el equilibrio de poder del final de la Segunda Guerra, con principios inspirados en una realidad de hace 75 años, muy distantes del mundo actual.
El año pasado, en el período de sesiones 79, más de una voz condenó la inutilidad de su Consejo de Seguridad en el que el continente africano, con más de mil millones de personas, no tiene representación.
También porque está virtualmente secuestrado por cinco grandes integrantes (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China y Rusia), cuya soberbia es tal que hasta el secretario general, António Guterres, denunció su incapacidad para resolver problemas concretos, como lograr una resolución para un alto al fuego en Gaza.
La frase que pronunció Guterres en esa ocasión retrata su indefensión personal al apelar al juicio de la posteridad: “La historia nos juzgará”.
A solo siete días del 80mo. período de sesiones, el papa León XIV actualiza esa inoperancia: “Las Naciones Unidas, al menos en este momento, han perdido su capacidad para el multilateralismo en momentos de crisis mundial que requieren del diálogo”.
El papa Francisco pensaba igual, y en su comparecencia en Nueva York en el 70mo. período de sesiones, fue explícito al pedir la reforma de la ONU y subrayar la necesidad de que se adapte a los tiempos para conceder a todos los países, sin excepción, una participación y una incidencia real y equitativa en las decisiones.
Una de las críticas es que en la ONU nadie escucha a nadie, porque cada país llega a las sesiones con una posición tomada y eso es lo que defiende y vota, finalmente.
De ahí que deseamos la mejor de las suertes al presidente Abinader que abordará, como adelantó, el tema haitiano, que cada año apenas logra adhesiones discursivas porque la Asamblea General se ha convertido en un foro de retórica y eufemismos, sin mecanismos prácticos e institucionales para implementar conclusiones.
