RD y Haití

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    Los gobiernos de República Dominicana y Haití agotaron un proceso silencioso de diálogo durante semanas recientes. En el proceso se produjeron encuentros bilaterales y concurrencias recíprocas de los dos ministros responsables de la política exterior.
    Se asume que en cada caso se presentaron las intenciones y propósitos a los dos jefes de Estado, Luis Abinader y Jovenel Moise. El pasado fin de semana concluyó el programa de consultas con el encuentro fronterizo. De ahí la declaración conjunta divulgada el pasado martes.

    Sin ruidos, se ha producido un avance en la comunicación entre las dos naciones, lo que constituye una buena base para una administración que comienza, como la de Abinader, y algo importante para la que termina, como la de Moise.

    Las relaciones entre los dominicanos y los haitianos han estado signadas por tensiones, lo que se puede considerar normal entre países que comparten fronteras, y el caso particular, por los factores que dieron origen a la nación dominicana.

    Sin embargo, después de los conflictos vinculados a la separación durante el 1800 y las terribles tensiones del siglo pasado, como las de las décadas del 30 y 60, con sus altas y bajas las diferencias han sido solventadas con sentido común, prudencia y alto espíritu de convivencia.

    Desde entonces, los intercambios en la isla han crecido de manera extraordinaria, y los desacuerdos más importantes están relacionados con la masiva migración del Oeste hacia el Este.

    La declaración conjunta, orlada por la buena voluntad, parece fundamentarse en un ánimo de cooperación y mejorías en las relaciones.

    Los nueve puntos en que se afirma la declaración conjunta son positivos. Y esperamos que haya algunos avances.

    Sin embargo, es necesario señalar que la historia sugiere que todo acuerdo con Haití suele estar marcado por el riesgo del incumplimiento. Quizás no haya faltado ánimo constructivo, pero la inestabilidad política y la consecuente fragilidad institucional se levantan como amenazas para una prolongada vigencia.

    De todas formas, hay que hacer el esfuerzo para estimular la convivencia tranquila entre las dos naciones.

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