Después de ocho años de un ejercicio del poder absolutamente vertical, es reconfortante escuchar desde lo que será el nivel más alto del nuevo gobierno, un ánimo dialogante.
Aunque aquí nadie se asombra, el mensaje es noticia. Hacía tiempo que los jefes habían cerrado sus oídos. No escuchaban a nadie y se orientaban por su razón y sus lógicos pareceres, de espalda a las más variadas voces del conglomerado.
Qué bueno que desde el comienzo se levante un punto de vista con posibilidad de construir una propuesta y con ella, acudir donde los demás actores nacionales a escuchar sus pareceres.
Es lo que ha dicho el presidente electo Luis Abinader: “Estamos preparando un plan para enfrentar la pandemia, conjuntamente con el tema de atender y solucionar los problemas sanitarios. También un plan de relanzamiento y normalización de nuestra economía, y al mismo tiempo un plan para situaciones con el año escolar… En los próximos días, cuando podamos tener perfeccionados esos planes, vamos a visitar a todo el liderazgo político… para poder, de consenso, buscar soluciones, escucharlas, modificar algunos de nuestros planes y que a partir del 16 de agosto nosotros podamos empezar con todo el pueblo dominicano y todos sus sectores políticos, económicos y sociales unificados con un solo objetivo”.
Eso lo que se llama un espíritu abierto, democrático, decidido a escuchar a los demás, a aquellos que probablemente tienen pareceres distintos, pero que el presidente electo entiende que pueden ser interesantes.
Parece que no se cree poseedor de la única verdad, y que para alcanzar los propósitos debe prestar oído y compartir con los demás los planes que deben ser acometidos para enfrentar los grandísimos problemas nacionales.
Es exactamente lo contrario de lo que hasta ahora ha predominado. Está haciendo lo que tanto pidió. Una y otra vez, en plena lucha por alcanzar el poder, cuando expresó su ánimo, su voluntad, su disposición de acompañar a las actuales autoridades en la inmensa tarea de encarar la pandemia que nos aniquila.
Pero no hicieron caso.
Ahora, cuando es el elegido, llama a los demás. Esperamos que ese ánimo dialogante sea acogido, sea bien entendido, y que el liderazgo, sin excepción, ponga su granito de arena.
Juntos podemos lograr los propósitos nacionales.
