Parecería que se predicara en el desierto o que nos repetimos con mensajes sin destinatarios, vistas las cifras trágicas divulgadas por el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) por Nochebuena y Navidad.
Pero al avecinarse las celebraciones de final de año no cejaremos en pedir prudencia y moderación, con la posibilidad de que el resultado no sea diferente a lo acostumbrado, porque hay gente terca, cabeza dura y amiga de los excesos, siempre presta a engrosar los números negativos de los boletines del COE.
Las autoridades de protección civil han cumplido su responsabilidad con eficacia. Los organismos de socorro están harto probados en la aplicación de sus protocolos para preservar vidas, prevenir accidentes y prestar asistencia vial y sanitaria.
Sin embargo, nos arriesgamos a decirlo, el mayor problema son los ciudadanos que no respetan las reglas e ignoran las orientaciones oficiales, por lo que siempre hay hechos que lamentar.
Por tanto, más que exhortaciones generales y complacientes que procuran lucir simpáticas y no molestar, quizá el acento de los mensajes y las campañas para la época debiera ponerse en la educación ciudadana.
No es pedir que el Año Nuevo pase como una jornada de reflexión y el festejo solo en el seno familiar, ni limitar desplazamientos por avenidas y autopistas, playas, ríos y montañas. Pero cabe insistir contra el desenfreno y en que prime el sentido común de que se debe cuidar y preservar la vida.
Lo mismo con los motoristas, protagonistas en la mayoría de accidentes viales y muertes durante las celebraciones, los que precisan de educación formal y vial más que de persecuciones y multas. ¿Por qué en vez de enronquecer con ellos, no empieza a aplicarse la parte de la ley que ordena que la educación vial sea impartida como materia en escuelas y politécnicos? ¿Por qué permitir que casi dos millones de motocicletas circulen sin estar registradas?
Concluimos en que si no se va al fondo y nos quedamos en el aparataje y lo cosmético, cada boletín del COE llegará repleto de negatividades y se dirá, como si parodiáramos al borracho: “Lo mismito del año pasado”. l
