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De lo más interesante es el debate con relación a qué es más importante para ganar unas elecciones, entre el partido y el candidato. La respuesta fácil es que ambos son importantes, porque el elector vota por el candidato o candidata de su preferencia, tomando en cuenta sus cualidades y ofertas, pero se inclina por los partidos mayoritarios, por varias razones. Son las organizaciones que conocen y que forman parte de la tradición política, además de que son las que tienen más recursos y poseen estructuras fuertes, algo fundamental para competir. Además, muchos electores no quieren perder, y por eso votan por los que tienen posibilidades.

LF y aguacates

Los más afanados en convencerse a sí mismos y convencer a los demás de que el candidato está por encima del partido, son los seguidores de Leonel Fernández. El tres veces Presidente es, sin dudas, un candidato de lujo, pero una de sus debilidades es que su partido es nuevo. Fue ese mismo candidato fuerte, conocido y con un innegable legado institucional y material que, nominado por Fuerza del Pueblo, se enfrentó a Gonzalo Castillo, que iba por el PLD. Es un pleito que no sale, si es por las figuras. Pero Castillo cuadruplicó los votos de Fernández. Más aún, si el partido no fuera importante, no se hubiera dado el fenómeno de los aguacates. Es decir, leonelistas que se quedaron en el PLD para ser candidatos y, cuando ganaron, se mudaron para FP.

Candidatura

Lógicamente, la candidatura tiene un peso determinante, y si no fuera así, el PLD no estuviera tan afanado en tener la suya, incluso desafiando los plazos legales. En conclusión, ambos son importantes, pero no en proporciones iguales. En nuestro sistema, el partido está por encima. Un partido grande y fuerte tiene más posibilidades de ganar, aun tenga un candidato vulnerable, que un “partidito” con un gran candidato.

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