Aunque siempre habrá quienes critiquen -porque ese debate también alimenta la vida pública-la reciente resolución 11-2026 del Ministerio de Educación,orientada a crear un ambiente escolar más seguro y equilibrado, merece reconocimiento.
Ya era hora de regular con claridad el uso de celulares, relojes inteligentes y otros dispositivos electrónicos en los centros educativos. Basta observar la conducta de las nuevas generaciones en el aula para entender la magnitud del problema.
Para algunos, la medida podría parecer restrictiva o incluso coercitiva, pero llega en un momento oportuno;justo cuando se planifica el próximo año escolar.
Además, tiene un valor adicional porque no se limita a los colegios privados; también alcanza al sistema público, estableciendo reglas comunes y claras para todos.
Durante años pareció existir una brecha entre la educación privada y la pública, como si cada sector siguiera caminos distintos. La disposición actual busca corregir esa diferencia y enviar una señal clara de que no se trata de imponer medidas aisladas, sino de construir condiciones educativas equivalentes.
La gestión de Luis Miguel De Camps impulsa una postura positiva al fomentar una formación digital más segura, equilibrada y centrada en el bienestar integral de los estudiantes. Se trata, en última instancia, de reducir distracciones y procurar mejoras que impactan directo a los estudiantes.
Como madre, he escuchado innumerables historias sobre lo que sucede en las aulas. Hoy los tradicionales “chivos” ya no están escritos en la palma de la mano, ni escondidos en un pequeño papel. Ahora caben en la pantalla de un celular. La pregunta es inevitable: si creen que toda la información está a un clic de distancia, ¿qué lugar ocupa entonces el aprendizaje o el razonamiento crítico?
Por otro lado, es importante destacar que la normativa contempla excepciones para estudiantes con necesidades específicas. También resulta valioso que la medida no se limite únicamente a imponer restricciones a los estudiantes. Si algo sabemos es que la calidad del proceso educativo depende igualmente del ejemplo que ofrecen los docentes. Existen profesores comprometidos y ejemplares, pero también hay casos en los que el mensaje pierde fuerza porque la práctica no acompaña al discurso.
