Costoso fracaso

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¿Qué hubiera costado dividir los cursos en dos o tres grupos y dar clases presenciales en diferentes horas a todos los alumnos, cada quien con mascarilla? ¿Qué hubiera costado habilitar espacios de enseñanza en oficinas públicas, áreas privadas e iglesias? ¿Qué hubiera costado trabajar en cada escuela 12 ó 16 horas de lunes a viernes con más personal docente? No. Nada de eso hubiera el montón de millones de pesos y dólares que se invirtieron (comisionables, por cierto) en toda esta parafernalia computarizada que no va a llegar a 2.8 millones de alumnos (¡la cuarta parte de la población nacional!) y, por tanto, será un carísimo fracaso.

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