La ternura prohibida

Estaban en el parque los amantes, a plena luz de una tarde ancha y fresca. Ella sentada en la yerba, a piernas extendidas. Él, recostado en su regazo. La ternura sin malicia, sin Eros subvertido, sin nada más que una mano que acaricia el pelo, una sonrisa única para él y para ella, una mirada sin tiempo de él y de ella. En eso llega un policía que ordena tajantemente a los amantes cancelar el beso, la ternura, porque “eso es una falta a la moral pública”. (Sí. Pues sucede que lo inmoral no es la violencia criminal, política o policial. ¡Lo inmoral es la expresión del amor, la realización más alta de lo humano!).

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