Mi pluma yo he colgado
por voluntaria razón
al reservar la opinión
a mi función de togado
por ser juez designado
del Tribunal Constitucional
según costumbre local
de silenciar la otra palabra
cual razonable parada
de tradición judicial.
Pero si de lírica se trata
y sin jurídica opinión
nada impide con razón
que use pluma de plata
ni ninguna razón me ata
para escribir lo que siento
ni para gritar al viento
lo que deba pregonar
como forma de aliviar
del corazón lo que siento.
Y en esta triste ocasión
ha llamado urgente a mi pluma
infausto dolor que me abruma
que embarga mi corazón
sin comprender la razón
por qué la vida tan cruel
y en precipitado tropel
me trae la mala noticia
y un mal sabor en la brisa:
¡ha partido Juan Manuel!
Y a todos nos asombra
tan dolorosa noticia
porque duele la injusticia
desplegada como alfombra
sobre un hombre que, ni en broma
nadie dañara en su vida
y a lo largo de sus días
con particular devoción
el servir fue su razón
el amor fue su guarida.
Y ahora yo leyendo
todo lo que se ha escrito
y oyendo cuanto se ha dicho,
no hay mejor entendimiento
para este triste momento
que su memoria honrar
con promesa personal
de ser mejor persona
para ver si Dios perdona
el propio agravio individual.
Y en su vida corporal
como hombre bien portado
de seguro habrá ganado
la gran gloria celestial
y con amor paternal
angelito de la guarda
de todos sus camaradas
él se va a convertir
y como siempre servir
en esta nueva cruzada.
Y si en el cielo permiten
ejercer la diplomacia
para nuestro bien y gracia
y aunque no lo soliciten
por quienes aún se resisten
a buscar su salvación
le pido con emoción,
embajador por cariño,
que con su alma de niño
les haga la mediación.
Y en procura de esa gracia
convocaré a sus amigos
le diré a Manolo, también a Olivo
que para que haya eficacia
con la Virgen de Altagracia,
higüeyana como él,
y en las manos un clavel
cubiertos por su gran manto,
cantemos juntos el canto
¡Hasta luego Juan Manuel!
