A lo que uno se expone. Muchos lectores atribuyen a los periodistas, y en especial a los autores de columnas como esta, un conocimiento de los asuntos nacionales y de las personalidades del país que la mayoría de ellos no posee, me incluyo por supuesto. Presumen que no ignoramos nada, ni siquiera aquello que pertenece al mundo íntimo de las celebridades y de los presidentes. Por eso, nada tuvo de extraño que alguien me preguntara en estos días con cuál de los dos exmandatarios—Hipólito Mejía y Leonel Fernández—se podría pasar mejor momento. Para explicarlo en buen dominicano, cuál de ellos es o podría ser “mejor tercio”.
Lo primero, le respondí sin percatarme de la trampa, es que ninguno bebe, por lo menos no tienen fama de eso, aunque uno se las da de gran jugador de dominó. La cosa es que todo depende de los gustos del que figurara como acompañante. Si a fulano le gusta el internet le iría mejor con Fernández, pero si le agradan los chistes picantes lo aconsejable sería quedarse en compañía de Mejía. Aunque no son asuntos míos, la verdad es que si me encontrara con ambos en una fiesta no tendría duda alguna en la elección, y lo mismo pasaría si me tocara asistir a una funeraria.
Son tan distintos que hasta se parecen. Pero eso de con cuál de ellos se pasaría mejor momento es algo que no se decide en elecciones. Uno es demasiado confianzudo y a veces suele pasarse de la raya y el otro es excesivamente seco, para usar palabras que aparecen en el correo electrónico de quien me hiciera la pregunta metiéndome en tan grave compromiso. Extremos que para todo fin práctico viene a ser lo mismo. Lo que sí he podido observar es que en las fotos en que ambos aparecen en público, en el entorno de uno se observan caras sonrientes y alrededor del otro, en cambio, rostros muy adustos. Recordemos, sin embargo, que el rigor protocolar no permite demasiadas libertades.
