En el 2014, ante la amenaza de crear nuevas provincias y municipios, un vecino propuso un movimiento para elaborar un proyecto que convirtiera la calle del sector en el municipio de una nueva provincia de dos cuadras alrededor. En la reunión me propusieron para el Senado de la futura demarcación. Y el jovial abogado de la esquina confesó su deseo de ser diputado.
En el perímetro residían otros abogados, un médico, dos contables, un ingeniero y profesionales de distintas ramas. Por eso, sin necesidad de usar otros vecindarios que pudieran aspirar a lo mismo, podíamos tener nuestro correo, fiscalía e Impuestos Internos. Ubicado en el Polígono Central, sede de los principales bancos, los grandes centros comerciales, los mejores supermercados, las tiendas más exclusivas y los barrios residenciales entre los más caros del Distrito Nacional, la calle reunía condiciones para estar representada en el Congreso. En otras palabras, una zona que se basta sola con alto nivel de ingreso per cápita. De manera que no debía resultar difícil para el Ejecutivo y el Congreso aprobar esta y otras nueve solicitudes provinciales dentro del Polígono que incluyen áreas de gran potencial como Naco, La Esperilla, Piantini, Paraíso y Serrallés.
La iniciativa abriría oportunidades de lograrlo a otras peticiones de igual mérito como Bella Vista, los tres Arroyo Hondo, las tres Cuesta Hermosa y, por supuesto, Los Cacicazgos, dónde sí hay de verdad.
La opinión del sector era que negarnos este derecho sería injusto y si bien estos reclamos llevarían la matrícula del Congreso a 1,600, parecía razonable a fin de hacer más representativa la sociedad dominicana y mejorar la oferta de empleos del sector público, que mucha falta que nos hace. Al inscribirme en el grupo me dije: ¡Eureka, me hice! Tendré mi barrilito. Por suerte o por desgracia, no volvió a tocarse el tema.
