La real causa de la infuncionalidad democrática

La mayor debilidad de la democracia dominicana, lo que la hace todavía infuncional, estriba en la falta de una opinión pública vigorosa, que se deje sentir y tenga eco en las alturas del poder político. Es cierto que se la ha estado creando al través de las actuaciones y vigilancia de instituciones de la sociedad civil como FINJUS e incluso de organizaciones como el CONEP y la ANJE. Pero la distancia por recorrer sigue siendo muy extensa.

Los gobiernos no suelen escuchar siempre los reclamos de la sociedad y frecuentemente sólo se sienten comprometidos cuando sienten que el agua les llega al cuello. Tenemos un ejemplo patético de esa realidad, con el excesivo proselitismo de que somos víctimas con vista a unas elecciones presidenciales distantes todavía a casi dos años y que se inició al día siguiente de haberse cerrado las urnas de los comicios anteriores.

Las campañas no cesan nunca, en la esfera oficial como en la oposición, y ello agrava nuestras dificultades económicas, distrae tiempo y recursos públicos de manera exagerada e irresponsable. La situación se torna más deprimente ante la incapacidad legal y real, de las autoridades electorales para ponerle coto a las extemporáneas actividades de los partidos, que tupen calles, plazas, carreteras e inmuebles con vallas promocionales de candidaturas.

La verdad es que este abuso de la clase política no sólo hastía a la población, sino que la irrita. Enseña una realidad dramática. Recuerda la manera en que ha logrado apoderarse de las instituciones y convertirlas en instrumentos de sus ambiciones y propósitos. Algo que sin duda les garantiza su predominio sobre la vida social, política y económica de la nación y su ilegítimo derecho a hacer del país lo que les viene en ganas cuando alcanzan el poder.

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