No pretendo que imitemos a Noruega

Adiferencia nuestra, mientras más pobres más inclinados al boato y al gasto superfluo, las naciones altamente desarrolladas siguen cifrando su bienestar en el culto al ahorro y la austeridad. A pesar de que el aumento del precio del petróleo pone a nuestra economía en jaque con amenaza de mate, y los precios de los combustibles se sitúan en las nubes, los funcionarios continúan montados en vehículos de alto consumo. No desperdician oportunidad de viajar al exterior, con boletas de primera clase y reservaciones en hoteles cinco estrellas. La clase media gasta más de lo que le ingresa y hasta los pobres se dan algunos gustos por encima de sus posibilidades.

Contrario a esa exhibición olímpica de despilfarro, en Noruega, uno de los países de más alto estándar en el mundo, el primer ministro va de su casa al trabajo en bicicleta. La preocupación del notable ciudadano que ostente ese cargo radica ahora en que a despecho de sus deseos, se ve obligado a abandonar su medio preferido de transporte por razones de seguridad.

A mediados de la primera década de este siglo, el entonces premier Jens Stoltenberg se vio forzado a aceptar las recomendaciones de la policía de Oslo. Durante años, el líder noruego se había trasladado de su vivienda al parlamento en bicicleta. Mientras, se lamentaba de solo poder pedalear en el campo, con la molesta compañía de agentes de seguridad obligados por igual a hacer lo mismo. El ir al trabajo en bicicleta no le quitaba dignidad a su cargo.

En Noruega, además, ningún funcionario puede montar vehículos del Estado en sus horas y días libres.

Nadie aspira aquí que imitemos a los noruegos ni mucho menos que el presidente y lo congresistas lleguen a sus oficinas en patines o en bicicleta. Pero daríamos un buen ejemplo si al menos los ministros y directores generales usaran vehículos de menor consumo y visitaran con menos frecuencia.

Posted in La columna de Miguel GuerreroEtiquetas

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas