Reflexión sobre la paz laboral

A pesar de las dificultades propias de una economía pequeña, antecedentes de permanente rivalidad política y un historial de escasa concertación, el país ha podido encarar grandes desafíos resultantes de los cambios en las relaciones internacionales y el comercio entre las naciones originados en las últimas décadas. ¿Cuál ha sido la clave de ese éxito relativo? Si observamos con serenidad y exento de fanatismo el proceso, no sería difícil señalar que se trata de un logro cimentado en un largo periodo de paz laboral.

En el fragor del diario quehacer, esa realidad pudiera parecer irrelevante. Pero esa paz laboral de más de 35 años ininterrumpidos ha contribuido a impulsar el crecimiento de la economía y la estabilidad que se disfruta en el ámbito de los negocios. Ese extendido periodo de tranquilidad siguió a los sangrientos disturbios de abril de 1984 en los que murieron decenas de dominicanos, la cifra probablemente nunca se sabrá, ocasionados por el descontento provocado por un programa restrictivo de medidas económicas derivadas de un acuerdo con el FMI.

En las pláticas surgidas al año siguiente se sentaron a ambos lados de la mesa los sindicalistas, la dirigencia política nacional y los dueños de empresas, lo que facilitó el tránsito a un arreglo que sentó las bases de la paz laboral que cada cierto tiempo parece verse amenazada por la incertidumbre de encontrar puntos de coincidencia que la preserven. Muchos empresarios y políticos no advierten que esa paz laboral está garantizada por la moderación de la clase sindical. La falta de acuerdos futuros sobre el tema podría dejar al liderazgo sindical en manos de grupos radicales, renuentes a sentarse a la mesa, para buscar sus objetivos en las calles, con un costo económico mayor al que supondría cualquier entendimiento por las vías normales de la discusión razonable.

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