La diplomacia

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La diplomacia podría definirse como el conjunto de conocimientos y principios indispensable para el manejo de los asuntos públicos entre los Estados. Todo aquel que desea ser diplomático deberá conocer la historia de los Estados, su política, sus leyes y su organización social.
El que ejerce la diplomacia se ve con un perfil bajo y de mucha ética por ser considerado tradicionalmente a sus representantes es decir a los jefes de misión (embajadores) como los arquetipos del doble lenguaje.

Cuando de alguien se dice que es muy diplomático, ya se está sobreentendiendo que algo oculta o disfraza. El Diccionario de la Real Academia de la lengua lo deja bien claro. La diplomacia es cortesía aparente e interesada, sagacidad y disimulo.

Mientras que para María Moliner, diplomacia es habilidad para tratar con otras personas. Es una carrera de vocación puesto que tendrán que estar la vida de nación en nación.

Para André Maurois ser diplomático es el arte de exponer la hostilidad con cortesía, y la amistad con prudencia. En sentido funcional lo son aquellos funcionarios públicos expertos en relaciones internacionales.

A los diplomáticos se les atribuye el estilo de actuación al que hemos aludido al principio. Además, ha de tener sólidos conocimientos y buenas maneras. Como dice Beladiez, cito: “De todas las disciplinas catalogadas por las Universidades, la que mejor debe conocer un diplomático es el Derecho internacional; de las no catalogadas, la que más a fondo debe dominar es la buena educación”.

Es de ahí que cuando hablamos de diplomacia pensamos que es dar la razón a todos para mantener la balanza equilibrada en las relaciones sociales. El diplomático no sé si nace o se hace a la fuerza de mantener una estética, como suele ocurrir en muchas ocasiones, pero sin romper el protocolo que se exige para cada situación.

De manera coloquial, los diplomáticos suelen dar la impresión de que no toman partido. Son las ideas de sus gobiernos las que deben defender, partiendo de la base de que cada uno tiene razón; para eso se necesita calma y conservar la moderación, mientras dure el dialogo.

Los diplomáticos son servidores públicos representan lo que los médicos son a la medicina. Y hoy día la importancia de este ejercicio es una labor importante en el progreso de todo país.
Negociar, representar, proteger e informar a sus nacionales y fomentar las relaciones de amistad son las principales labores o funciones de un diplomático. Y dentro de todos los oficios que uno se puede imaginar sobre la tierra, es aquel que, menos que ningún otro, puede permitirse mentir, al menos si quiere ser un buen diplomático.

Para concluir ese diplomático del cual me he referido en la entrega de hoy tiene que saber buscar las oportunidades, y convertirse en un buen vendedor y mejor comprador de ellas.

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