Sacrificios

En la Semana Santa y todo el periodo de la Cuaresma, una de las acciones característica de la época es el sacrificio que, junto a la oración y la caridad, conforman la triada que todo católico practica para seguir las enseñanzas de Jesús. Para hablar del sacrificio no hay que ir lejos, la enseñanza más profunda la encarna Jesús, a quien su padre, Dios, lo entregó en sacrificio como prueba de amor para salvar al mundo del pecado.

El libro de Juan 3:16 define el hecho. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

San Francisco de Asís, hizo aportes relevantes sobre el sacrificio y su visión sobre esa práctica. Veía el sacrificio no como un castigo, sino como un acto de amor elevado, una forma de hacer conexión con el cristo crucificado, por tanto, desde su perspectiva, los sacrificios, renuncias o abstenciones en la vida cotidiana, son una forma de entrar en contacto con Cristo crucificado.

La vida cristiana está marcada por renuncias, sacrificios, resistencia a las tentaciones, como camino para lograr la libertad espiritual y evitar la esclavitud material que se apodera del ser humano.

Lo que da autoridad a Dios para pedir sacrificios para ganar la gloria, la tierra prometida, es que predicó con el ejemplo. Como dice el libro de Juan, Dios probó su amor al entregar su único hijo para la salvación del mundo, no hay un sacrificio más grande que un ser humano pueda hacer, y ese hecho legitima las exigencias y sacrificios de Dios a los cristianos para poder acceder al paraíso.

En estos días, la palabra sacrificios está de moda, no solo porque es propia de la Cuaresma y la Semana Santa, también porque la crisis generada por la guerra en medio oriente, impone sacrificios colectivos, según lo expuesto por el presidente Luis Abinader, cuando se dirigió al país para explicar la magnitud del impacto económico de la guerra y lo que nos puede esperar en el futuro inmediato.

Los representantes de la iglesia católica han vuelto a colocar el dedo en la llaga, han dicho que el ejemplo debe empezar en casa, como hizo Dios, que predicó con ejemplo.

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