La incertidumbre sobre el futuro es una constante en el ser humano. No saber qué pasará mañana, porque nadie tiene el control de los acontecimientos y un solo hecho puede cambiar para siempre el destino de los pueblos y/o de sus dirigentes, siempre ha preocupado a los reyes, gobernantes y líderes en las distintas etapas de la humanidad.
En la antigüedad los reyes contrataban magos y astrólogos para que les ayudaran a interpretar los signos de los tiempos. El capítulo dos del libro de Daniel, relata el caso del rey de Babilonia, Nabucodonosor, por la inquietud que le provocó un sueño.

El sueño fue revelado por Dios al profeta Daniel para que explicara su misterio al monarca. Daniel reveló que en el futuro surgirían otros reinos sobre Babilonia producto de alianzas humanas que pondrían a prueba la fortaleza del monarca.

El libro de Génesis también revela la preocupación del faraón de Egipto sobre el porvenir. El rey había soñado con siete vacas flacas y feas que devoraban a siete vacas gordas y bonitas; y luego soñó que siete espigas llenas y hermosas eran devoradas por siete espigas menudas. Esos sueños lo intranquilizaron y mandó a llamar los consejeros para que le revelaran el misterio.

Entonces, supo de la existencia de un hebreo, José, que interpretaba los sueños. José le reveló al rey, que las siete vacas gordas, eran tiempos de abundancia y bienestar y las siete vacas flacas, tiempos de escasez y hambre. “Por tanto, provéase ahora faraón de un varón prudente y sabio y póngalo sobre la tierra de Egipto”, le aconsejó al Rey para que pudiera enfrentar los tiempos difíciles.
