La reverencia

El sábado, mi esposa y yo escuchábamos una preciosa misa que organizaba el grupo de CVX y que la impartía el buen amigo padre Pablo Mella.
Su típico gran sentido del humor me inspiró a escribir el artículo de esta semana. Hablaba de cómo antes se hacían reverencias como forma de saludar y que era un signo de respeto.

Trasladó esa reverencia al caos que vivimos en el tránsito y decía que cuanto cambiaría si en vez de querernos pasar unos a otros por arriba, hacíamos una reverencia y amablemente dejábamos pasar a los demás sin esa urgencia que tenemos de ser primero para llegar al mismo tiempo al lugar que nos dirigimos.

El tránsito se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza. Han sido múltiples los intentos de organizarlo y lo que hemos visto es que cada día es peor. Con un parque vehicular cada vez mayor, de más de cuatro millones de unidades de vehículos, la mitad motocicletas y un dato interesante es que del veinte y dos por ciento de mujeres que son propietarias de vehículos, un treinta y seis por ciento tiene jeepetas.

Cada año tanto los vehículos usados como las ferias que hacen los bancos, con enormes facilidades de pago, agregan en promedio un seis y medio por ciento por año, lo que significa más de doscientos cincuenta mil vehículos más.

La experiencia en la calle es que hombres y mujeres son igual de agresivos y si se nos cruza un vehículo marca Sonata lo mejor es dejar el espacio libre.

¿Por qué este caos? ¿Por qué la falta de reverencia en el tránsito que pedía en la misa el padre Pablo?

Empezaríamos por falta de educación, por eso, definitivamente, en vez de reverencia lo que encontramos es agresión, algo que solo vemos en las calles porque somos en general amables y festivos.

Las autoridades municipales desde hace años, unos más que otros, tienen culpa del caos, al igual que todas aquellas autoridades que dan los permisos de construcción.

En un sector residencial donde originalmente existía una vivienda unifamiliar se permite instalar colegios, consultorios, bares, discotecas y todo lo que la imaginación permita, sin los parqueos adecuados, sin los permisos de uso de suelo.

Sin darnos cuenta vamos construyendo las ciudades del caos, no importa si es en el Gran Santo Domingo, Santiago o cualquiera de nuestras provincias, el resultado es el mismo.

Alcaldes y salas capitulares que no juegan el papel que le corresponde, algunos más pendientes del negocio que les puede representar la posición, otros, para satisfacción de quienes los elegimos, haciendo un esfuerzo en medio del mayor irrespeto por las normas de parte de los munícipes.

Se construye ilegal de noche, los días de fiesta porque se sabe que por experiencia “Palo dado ni Dios lo quita”.

Toda esta situación crea ambientes tensos, enfrentamientos en calles y avenidas, pérdida de tiempo y dinero que resulta imposible contabilizar.

Para ejemplos invito a las autoridades a pasar por el ensanche Julieta al mediodía, los colegios sin autorización de uso de suelo congestionan las calles, las entradas a las viviendas quedan bloqueadas y algunos de mis vecinos me han contado que no pueden salir o entrar hasta que el padre que les tapa la entrada le dé la gana de quitarse.

Imaginar un distribuidor de vehículos en una zona residencial, sin parqueos y sin dudas, un hecho lastimoso que las autoridades se hicieran de la vista gorda. Me alegraría que les suceda a ellos en sus apartamentos o viviendas, no para desearles mal, sino para probar lo que significa la impotencia de la burla de la ley
Solo pensar en una emergencia: qué sucedería, y ahí querido Pablo no hay reverencia ni respeto, si el que tenga su entrada bloqueada no tiene nada que hacer.

He visto con interés el deseo de las autoridades de regular el tránsito en las grandes avenidas, todos esperamos el éxito de estas medidas, lo que no sé cómo lo harán en las calles laterales con parqueos en ambos lados, edificios sin estacionamientos suficientes y las violaciones que ya he mencionado.

Piensen las ciudades que estamos dejando a las próximas generaciones, las muertes por accidentes de tránsito fueron el año pasado mayores que las de por covid y seguirán siendo y si no se nos ocurre cerrar la economía.

Veo con tristeza todos los días la cantidad de jóvenes amputados por accidentes de tránsito. Es también confortante ver los agentes de Digesett muy activos; multen y quiten vehículos cuando sea necesario, no solo cumplen con la ley, más importante, salvan vidas o impiden una discapacidad generada por las imprudencias y la falta de la aplicación de la Ley de Tránsito y las regulaciones municipales.

Pero también, esos mismos agentes se hacen de la vista gorda en las pistas de carrera de la Abraham Lincoln y peor aún, pretenden esconder un accidente donde uno de los vehículos involucrados, de altísimo valor, importado gracias a las exoneraciones de los legisladores, se quiso hacer desaparecer y son esos en mayoría, los que cada noche ponen en peligro a muchos conductores y transeúntes.

No tengo ilusión que la reverencia del padre Pablo se dé por el momento, las autoridades tienen que dejar la complicidad y que la población entienda que hay consecuencias, de lo contrario los accidente irán en aumento y las construcciones ilegales seguirán mientras signifique un negocio para alguien.

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