Llegó diciembre

Arribamos al último mes del año, de manera abrupta y sin que prácticamente nos diéramos cuenta, a pesar de que los comerciantes nos lo anunciaran con anticipación desde septiembre, y nos mostraran la mercancía de la época, entre arbolitos, luces y flores de pascua. Ni Halloween ni Acción de Gracias han podido competir para opacar la Navidad con sus afanes, reuniones entre amigos o compras de última hora en establecimientos abarrotados, y nos han sorprendido cada vez con la rapidez de su llegada, como si no estuviéramos acostumbrados a su aparición.

Esa pausa obligatoria que constituye la antesala al próximo año provoca detenerse en lo que se fue y no volverá, en los que ya no están y en los que vendrán porque el hola y el adiós son los extremos de un mismo estadio del tiempo, desde el principio hasta el fin, en que solo los separan los acontecimientos del medio porque nada termina sin que antes se haya iniciado.

En efecto, el ocaso del año nos hace entender, sin estridencias ni resabios y con la sabiduría que solo los años pueden conceder, que quizá nos fijamos demasiadas metas y haber abierto tantos caminos para alcanzarlas solo nos distrajo de elegir alguna en particular, tal vez la más sencilla. En todo caso, mientras se mantengan disponibles escaleras para obtenerlas, persiste la disposición de subir cada peldaño, devolverse y reiniciar, aunque pueda resbalarse a cada paso.

A golpe de desengaños nos hicimos más fuertes porque, aun el peor de los fracasos, nos enseñó qué no se debe hacer para evitar repetirlos. En el balance de lo realizado se aspira a que los arrepentimientos sean menores que las satisfacciones para dejar un saldo a favor de la familia, el trabajo y el crecimiento personal. Las ambiciones no se detienen por haber pasado 365 días, en cambio, se renuevan y se trazan otras estrategias, si aun no se ha desistido de ellas porque, mientras haya un latido, el ánimo sobrevive.

Regresa diciembre y también se irá después, completando un ciclo de 12 meses de caer, levantarnos y continuar porque lo importante es seguir en la carrera de obstáculos que es la vida con sus altas y sus bajas para insistir en demostrar que, aunque finalice el año y muchos proyectos quedaron pendientes en el candelero, siempre habrá la esperanza de un enero.

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