Al recordar la famosa historia de la zorra y las uvas me doy cuenta de que esto de buscar culpables viene de lejos. Pero: ¿Es bueno para nuestro futuro?
Esta fábula de la antigua Grecia, atribuida a Esopo, dice que una zorra hambrienta intentó alcanzar un racimo de uvas y al no alcanzarlo se marchó diciendo: “Oh, ni siquiera están maduras, no necesito uvas agrias”.
Como vemos, la zorra no se hizo parte del problema, simplemente dejó las uvas atrás sin haber logrado probarlas. Ella no tenía la responsabilidad por no alcanzarlas, simplemente las uvas eran las culpables por estar verdes.
Escucho a tanta gente defenderse de esta manera y tantas parecidas. Cuando entreno a ejecutivos de empresas en el manejo del tiempo soy testigo de reuniones que solo se centran en buscar un culpable. Nadie fue responsable de saltar más alto o de trepar por otra vía. Pasan horas buscando quién es culpable. Al final se dan cuenta que son las uvas agrias y comienzan el camino de la búsqueda de soluciones.
¿Por qué este comportamiento?
No hace tanto tiempo, digamos que una o dos generaciones atrás, tener la culpa era muy peligroso. En regímenes autoritarios podía llevar a cárcel y hasta la muerte. Padres mostraban la importancia de no equivocarse, buscando un culpable. Hijos aprendieron lo mismo.
Hoy vemos cómo algunos padres reprochan a los profesores y a la escuela por comportamientos de sus hijos… así ellos no son las agrias uvas. No tienen que involucrarse en el problema y enseñan a sus hijos que lo único importante es no tener la culpa.
Como vemos, ha pasado de generación en generación esto de buscar el eslabón más débil para librarnos de la responsabilidad de algo que sucede.
Regreso a mi pregunta: ¿Es bueno para nuestro futuro? Pues no, porque al entregar a otro la culpa, también le entregamos el poder de la solución perenne, como enseño por extenso en mi libro Migomismo II.
¿Puedes analizar una situación en que alguien o tú estés buscando más un culpable que una solución y tomar el timón?
