De lo que no hicimos

Hace unos días leí por ahí una frase de esas que no podemos dejar pasar por alto, que nos ponen a pensar. La frase en cuestión rezaba más o menos así: “Con el paso del tiempo, las personas nos arrepentimos más de aquellas cosas que no hicimos que de las que sí nos atrevimos a hacer”.
Pienso que quien lo dijo, se refería a que esas ideas, proyectos y planes que alguna vez concebimos y que pensamos que traerían buenos resultados, pero que al final, por temor, no nos atrevimos a concretar o concretizar (ambos términos son válidos) terminan siendo una incógnita y por lo mismo, una angustia que nos asalta en los momentos más inesperados.

Peor es, cuando hemos compartido con otras personas, en su momento, esos planes o proyectos y esas otras personas, al contrario de nosotros, siguen adelante hasta verlos realizados. El saber que ellos tomaron la mejor decisión, nos hace sentir tristeza y vergüenza por nuestra indecisión. Algunas veces, esas cosas que deseamos y que sentimos que serán clave para una vida más feliz y un futuro con mejores posibilidades, solo han tenido lugar en nuestros más profundos y secretos pensamientos.
Esto, para algunos sería un alivio, pues no tendrán que dar explicaciones de su incapacidad para vencer los obstáculos y seguir hasta alcanzar sus objetivos. Respirarán profundo y guardarán, por unos instantes, un doloroso silencio.

Pero, para quienes suelen juzgarse a sí mismos con rudeza, la situación será diferente, no importa que tan secretos hayan sido esos sueños y planes, para ellos será peor, pues no podrán acallar los severos reclamos de su conciencia.

Lo que sigue será una cadena de preguntas, iniciando con:

¿Quién influyó?

Trataremos de explicar: ¿Qué pasó?

De seguro encontraríamos al menos un: ¿Por qué...?

Nos dolerá imaginar: ¿Cómo habría sido si...?

En vano buscaremos determinar: ¿Cuándo abandonamos nuestros sueños?

Y si nuestra situación actual no es la mejor, sería nuestra derrota si al preguntarnos: ¿Dónde estaríamos ahora?

La respuesta nos ubica en ese lugar donde una vez pensamos y con quienes más amamos.

No siempre es posible, pero en la medida en que podamos, es mejor arrepentirnos de lo que hicimos, pues si fue un error, la vida nos da la oportunidad de corregirlo y mejorar, que arrepentirnos de aquello que por miedo a fracasar no hicimos, porque termina convirtiéndose en un sentimiento de culpa que posiblemente nos durará toda la vida.

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