Las personas de fe, que profesan alguna creencia religiosa, con frecuencia, con cientos de ejemplos y razones, creen que la humanidad tiene muchas más razones para agradecer que para lamentarse y que antes que pedir y esperar recibir, lo justo sería dar gracias por lo mucho o poco que se tiene.
Aconsejan dar gracias por todo, incluso, por lo más terrible y desesperante, por las situaciones que parecen irremediables.
Tratan de explicar que una desgracia, siempre puedo ser peor y por lo tanto, es un motivo para sentirse agradecidos.
Aunque parezca imposible, aunque en medio de las adversidades y de los problemas que parecen ahogar a quienes los padecen, y que lo último que desea escucharse es que todo estará bien o que las cosas podrían haber sido peores, un día, de repente, como de la nada, llega un pensamiento que devuelve la paz y la tranquilidad que las complicaciones arrebatan.
Después de tanto cuestionar ese “optimismo excesivo e incomprensible” de quienes le ven el lado bueno a todo, aun a lo más terrible, llega un momento en que en medio de una gran tormenta de emociones y desesperanza, por alguna razón inexplicable, llega el convencimiento de que todo lo que hoy luce como un callejón sin salida, es solo parte del proceso llamado vida y que como todo, es pasajero.
Las personas siempre sueñan, aspiran, desean, tienen ilusiones y esperanzas, quieren un poco más de lo que poseen. Creen que lo que les falta es, por mucho, mejor de lo que tienen y no dudarían en dejarlo todo, solo por lo que aspiran alcanzar. Entonces, con fe, piden que Dios les ayude a lograr lo que tanto desean y se olvidan por completo de todo lo que antes recibieron, descuidan todo y a todos a su alrededor y al final se dan cuenta de su error, aunque cuando lo hacen es demasiado tarde.
Aspirar algo mejor, es válido y es lo mejor pedir y esperar con fe poder lograrlo. Sin embargo, son y siempre serán más los motivos para agradecer, desde el hecho de poder ver cada día un nuevo día, el paisaje de una puesta de sol, por todo aquello que se puede percibir a través de los sentidos, por la presencia y compañía de los seres queridos, por la oportunidad de seguir viviendo aunque no sea de la manera deseada.
Por eso, antes de pedir, no estaría de más dar gracias por el solo hecho de existir.
