Seres mezquinos

Para algunos es imposible reconocer las virtudes, talentos y capacidades de los otros.

Es algo que he visto siempre, que no deja de llamar mi atención y al mismo tiempo, es una cosa que para mí es desconcertante y hasta penosa.

Es increíble hasta dónde puede llegar la mezquindad de alguien.
En verdad que muchos seres humanos se dejan dominar por la envidia y son incapaces de evaluar de forma objetiva y honesta los progresos de los demás.

Conozco quienes llegan a odiar a otra persona, sobre todo, colegas, por el solo hecho de escuchar los elogios y comentarios positivos sobre el trabajo y la calidad profesional de sus compañeros de oficio.

He visto quienes tratan de descalificar un ascenso o un reconocimiento, alegando que el o la ascendencia lo ganó no por sus logros y méritos profesionales, sino que lo logró valiéndose de medios poco honestos.

La mezquindad llega a un punto tan alto, que aún siendo testigos cercanos de la calidad, dedicación, disciplina y preparación de alguien, su mediocridad jamás les permitirá reconocer que aquellos con quienes iniciaron su camino, crecieron y se destacaron más por poseer cualidades que les hicieron ir siempre un paso adelante.

Es penoso que existan personas con esta naturaleza, pero más penoso es aún saber que abundan más de lo que podría creerse.
Es una tremenda injusticia, tratar de opacar el brillo de alguien por un sentimiento tan bajo como la envidia, es triste querer cortar las alas de alguien que se ha capacitado y dedicado para llegar alto, solo por estar conscientes de ellos jamás podrán alcanzar ni la mitad de ese camino.

Muchas personas dicen que no esperan a que otros reconozcan sus logros y virtudes, que ellos mismos se encargan de hacerlos notar, pues pocos tienen la grandeza de reconocer sus limitaciones y las capacidades de los demás.

Admito que por largo tiempo en mi vida no entendía eso, siempre creí que lo que era sobresaliente no tenía porque hacerse notar, quizás porque siempre he visto y reconocido el valor y calidad de lo que está bien hecho, pero no todos son así.

Aunque traten de demeritar, desacreditar o desconocer, ellos, mejor que nadie saben en realidad quién eres. Se los recuerda cada día su envidia, esa manera aberrante de demostrar su rotunda admiración por lo que eres y por lo que has logrado

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