Siempre el presente

A muchos nos gusta vivir en el pasado, sobre todo, si este ha sido un tiempo que, comparado con el presente, resulta, por mucho, mejor, más placentero y feliz.

Es difícil abandonar los recuerdos de un tiempo durante el cual hemos sentido que nuestras vidas han ido por el camino correcto, que no nos ha faltado nada, ni nadie. Un tiempo en el cual nos hemos sentido completos, plenos.

No es raro que nos acusen de vivir sumergidos en el ayer y por lo tanto, más de uno a nuestro alrededor tratará con denuedo de sacarnos de ese refugio del que nos resistimos a salir.

Algunos más discretos, vivirán y revivirán su pasado a solas, al final del día, al cerrar los ojos, cuando nadie los ve.

Esos forman parte de quienes tratan de parecer adaptados al presente, al aquí y ahora, pero en realidad siempre desearán regresar, por lo menos a un día y una hora de su pasado.

Otros han sabido ir dejando atrás, lo bueno, lo malo, lo difícil y también lo más hermoso que han vivido, pero jamás lo olvidan.
Conozco quienes hacen una selección de los recuerdos que desean atesorar y simplemente desechan aquellos que consideran innecesarios recodar.

Para algunos, aferrarse a lo que pasó es una manera de flagelarse por aquellas cosas que pudo y no quiso hacer, o que no debió hacer y de todas formas hizo sin escuchar a quienes le advirtieron las consecuencias. Pero también, están aquellos que se estancan en el ayer, que no siguen adelante porque las malas experiencias del pasado les arrebataron las ilusiones y la determinación para seguir luchando.

Aunque parezca contradictorio, en vez de tratar de borrar lo malo y seguir hacia un presente con las oportunidades de corregir, se aferran y ellos mismos se cierran las puertas del mañana.

Están quienes fueron tan felices en su ayer, que se dedican a vivir de espaldas al presente, no se adaptan al hoy y ahora, no ven nada que les pueda ofrecer el presente que se pueda comparar con ese tiempo “perfecto” que ahora solo vive en sus recuerdos.
Y es que por hermoso, irrepetible e incomparable que haya sido lo vivido, lo que tenemos hoy y lo que nos queda por vivir, siempre será una oportunidad y una bendición, que debemos aprovechar y vivir a plenitud, aprender de los fracasos, asumir los triunfos con humildad y aceptar aquello que no podemos cambiar.

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