La foto proyecta el momento exacto de la perfección en todo su esplendor: la madre serena con sus mejores galas que coloca las manos sobre los hombros del hijo mediano, a su lado, el padre posa orgulloso -totalmente ajeno al esfuerzo que hubo que hacer para la toma- y aun incómodo con el nudo de la corbata, pero no ha querido desilusionar a su esposa que le ha insistido en esa indumentaria elegante. Mientras, el pequeño que aún no camina, se ríe desde el piso gravitando en su mundo irreal de fantasía donde todo es ilusión y algodón de azúcar porque los problemas y preocupaciones aun no asoman su horizonte. En contraste y sentado en el sofá, luce el hijo mayor adolescente con evidente incomodidad que no quería participar porque tenía otras cosas más divertidas qué hacer y recurre a una sonrisa forzada para no contradecir a los demás y evitarse un pleito, sobre todo, ante la resistencia de ir a pelarse para domar esa cabellera rebelde que le impide salir impecable.
Recuerdos guardados para la posteridad que luego se repetirán en otras generaciones y en medio de otras realidades para cubrir historias diversas, pero semejantes. Ocasiones especiales con un arbolito tintineante de fondo en las que aún se estaba juntos y había un general y una tropa obediente que le seguía, entre planes, proyectos y aventuras del porvenir. Momentos que permanecen en el tiempo con una duración mayor que la de las mismas personas que allí aparecen, pero que se mantienen, imperecederos para no caer en el insondable abismo del olvido provocando suspiros de añoranza. Nostalgia captada en un flash que se aprecia más a la distancia que en la ocasión en que ocurrieron los hechos porque el pasado siempre luce mejor cuando se dejó atrás y las arrugas han enseñado a valorarlo.
Esa imagen tras un portarretrato anticuado recoge la moda de la ocasión que ahora produce risa y las anécdotas que acompañaron su puesta en escena, lo que en su momento ocupó nuestra atención y luego se convirtió en insignificante. Reflejo de trozos de toda una vida en la que se demuestra muchos años después que éramos felices y no nos habíamos dado cuenta.
