Cada uno, para dar un paso hacia adelante, uno definitivamente irrevocable, debe estar seguro de qué cosas debe dejar atrás, qué otras no le servirán más como escudo, cuáles son demasiado pesadas para seguirlas sosteniendo y qué otras siempre formarán parte de la pasión con que debemos seguir recorriendo los senderos de la vida. Pero la velocidad y determinación de nuestra carrera está directamente sostenida por lo mismo que caracterizó el accionar del rey Ezequías, “ánimo resuelto”. Esa divina audacia y resolución perfecta del alma que le inspiró a ir más allá de la segunda milla, apuntar hacia la excelencia y sostenerse sin disminuir, sus actos de fe, superiores a sus desafíos y a sus adversarios, encontraron impulso inagotable en el respaldo del Dios Sustentador.

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