Aunque salga bien

Abre tu corazón, escucha y entiende las palabras de sus promesas, no las acomodes a tus sentimientos ni a tu situación, comprende que Dios es fiel para llevarlas a cabo “por encima de todo y todos”, no precisa de tu ayuda, solo requiere de tu obediencia para que siendo el receptor de la promesa no te conviertas en tropiezo, resiste los embates, cree a su palabra, confía en su mano y no dudes de su corazón porque Dios no es hombre para mentir ni hijo de hombre para arrepentirse, su brazo no se ha cortado, su diestra no se ha debilitado, su determinación no se ha quebrado, tampoco lo hagas tú, no intentes ayudar con lo que no procede. Lo que está mal, está mal aunque te esté saliendo bien.

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