¡Cruza la puerta!

Dejamos ir a quienes deseamos abrazar, interrumpimos a quienes necesitamos escuchar, debilitamos a los que nos fortalecen, ignoramos a quienes nos tienen pendiente, le damos prioridad a lo que ni siquiera se quedará en nuestras vidas, corremos para alcanzar lugares mientras dejamos de lado un espacio privilegiado en una vida, dejamos de amar por orgullo forzándonos con todo y pecamos por deporte obligándonos a querer lo que no nos cabe ni en la cabeza. Queremos construir una vida a la medida mientras destruimos el plan ilimitado que Dios preparó con tiempo para nosotros, un plan donde caben todos nuestros sueños, alegrías y desafíos. Nuestros planes nos acuartelan y suprimen la verdadera felicidad, el precio es desdoblarnos. La puerta es estrecha, angosto el camino, y no cabe tanto orgullo, solo tú.

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