Sucede que cuando estás acercándote a tu progreso, “peligroso para las tinieblas”, comienzan los problemas, en tu interior, en tu vida y lo que no pensabas que iba a descomponerse. Son esas patadas de ahogado que tira el enemigo para hacerte sentir impotente, indigno, dudoso de tu ruta, de tu propósito, nervioso y solo. Es un maestro en “hacer parecer” que te venció, que no reúnes las condiciones, que todo pasa por algo y ese algo es que perdiste antes de ganar, que eso no es para ti, que tampoco eres el indicado y si Dios estuviera contigo no te pasaran estas cosas. Pero deberías entender que el maligno nunca intenta detener a quien va en vía contraria. La palabra asegura que “el que anda en su camino por torpe que sea no se extraviará”, entonces apúrate y lógralo.
