Las palabras

Aunque teóricamente conocemos inmensidad de versos bíblicos instructivos sobre el poder de las palabras, necesitamos decir que saber y entender no es lo mismo y que entender tiene escalas. De lo cual algunos entienden todo, un grupo entiende 10 y otros solo la mitad. Si supiéramos que en la escala correcta no es lo mismo quejarse que desahogarse, que en el mundo espiritual tus quejas no se perciben como desahogo, sino como “decretos”, no te atreverías a soltar ciertos pensamientos y mucho menos a repetirlos. La prudencia es resultado de la madurez, la madurez de la conciencia y la conciencia de la experiencia. Aprender por experiencia ajena o por consecuencia propia es una elección y ni hablar de aprender por revelación, esa instrucción del Espíritu Santo que nos guía a toda verdad.

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