Hay momentos en esta vida donde la tristeza quiere arroparnos como viento del desierto para dejarnos inútiles, procura robarnos la actitud y la esperanza de un golpe. Y ciertamente estamos de pie y caminando porque conocemos el destino, pero nos cuesta dar un paso, no porque tengamos miedo, sino demasiado dolor. Duele enfrentarse, imaginar las consecuencias, duele descubrir a quienes no esperas que sean parte, a quienes amas, también duele cada falsedad. Hay trampas que deben encontrarnos espiritualmente como a Rambo, porque no solo una pisada, sino un pensamiento en falso lo cambiaria todo, incluso nuestra reputación. El “dominio propio” es ese fruto del Espíritu Santo. Tan indispensable como extraordinario, nos revela cuando frenar y “llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo”, porque los soldados no corren, marchan.
