La cesantía es una conquista histórica: un reconocimiento al trabajador que dedicó años a construir una empresa junto a quien puso el capital. Al momento del despido, se le paga por ese tiempo. Pero hoy, esa lógica enfrenta una contradicción. Hay negocios tan pequeños como un salón de belleza con tres empleadas que no pueden asumir el costo de liquidar a alguien con cinco años de servicio. En algunos casos, la cesantía supera el valor del negocio mismo. También ocurre en empresas grandes con miles de empleados y márgenes reducidos. El pasivo acumulado en cesantías puede ser insostenible. Por eso, el debate no debe ser eliminar derechos adquiridos, sino reformular el sistema.
