Donald Trump intervino en el caso Bolsonaro por afinidad política, no por razones diplomáticas. Vinculó decisiones arancelarias contra Brasil con el juicio a Bolsonaro, condenado por liderar una trama golpista. Aunque Lula explicó que el proceso fue legal, Trump lo calificó de persecución. Este gesto refleja una diplomacia basada en vínculos personales más que en protocolos institucionales. Casos como Venezuela y la relación tensa con República Dominicana refuerzan esta tendencia. Trump también ha mostrado cercanía con líderes como Putin, priorizando afinidades ideológicas. Este fenómeno plantea dudas sobre el futuro de la diplomacia en América Latina.
