Lo más difícil para un comunicador son las relaciones personales, sobre todo cuando surgen cuestionamientos sobre amigos, familiares o compañeros. La sociedad espera que uno sepa separar los afectos del deber de informar y opinar con responsabilidad. Defender a un amigo por encima de la verdad debilita la credibilidad, pero condenarlo sin pruebas también resulta injusto. En estos casos, la ética exige equilibrio para respetar los vínculos personales sin renunciar a la transparencia. Por eso, cuando un caso está en manos de la justicia, lo más prudente es permitir que las investigaciones sigan su curso.
