Una austeridad cosmética

El martes de esta semana el expresidente de la República, doctor Leonel Fernández advertía a la opinión pública que la situación de crisis que hoy afecta a los hogares dominicanos obedece a las políticas de improvisación, endeudamiento y expansión del gasto corriente con fines electorales desarrolladas por el gobierno actual desde el comienzo de su gestión.

Sin negar el impacto que el conflicto en el Medio Oriente tiene en la economía global, particularmente en el precio de los combustibles, el transporte y los alimentos, Leonel Fernández recordó que la crisis que afecta al pueblo dominicano precede a la guerra y el pueblo la ha estado sintiendo desde hace ya largos meses.

Y así es, en efecto. Basta para tales fines recordar que la República Dominicana tuvo un crecimiento promedio anual cercano al 6% desde el año 1996 al 2019, y llegó incluso a crecer en algunos de esos años un 8%. Lamentablemente, lo que no había sucedido en largos años, el potencial de la economía, siempre igual o superior al promedio del 5% anual no pudo ser alcanzado ni en el año 2023, cuando apenas crecimos un 2.2% ni en el pasado año 2025, cuando solo alcanzamos un 2.1%, y todo parece vaticinar que tampoco se logrará en este año de 2026.

¿Y qué es lo que ha sucedido? Sencillamente que en sus afanes reeleccionistas el gobierno se ha embarcado en una política de gastos clientelares que lo ha llevado, para solo citar un ejemplo, a entregar desde el 2020 al 2025 un total de 12,800 millones de bonos navideños en los cuales ha dispendiado la astronómica suma de 19,200 millones de pesos.

El Gobierno dirá que lo ha hecho en beneficio de los hogares pobres del país, lo que no es cierto, pues hace tiempo que los programas de protección social fueron distorsionados y convertidos en planes clientelares, y si se quiere un ejemplo basta señalar que esta misma semana hubo denuncias desde Dajabón en donde se estaban entregando bonos navideños en pleno mes de mayo.

Pero, eso no es todo. El descaro llega a tal extremo que el gobierno al mismo tiempo que anuncia con bombos y platillos un plan de austeridad para enfrentar la crisis pone a circular entre los miembros del partido oficial un formulario para que sus militantes inscriban los nombres de los que se beneficiarán con un bono en ocasión del próximo Día de las Madres.

Lo peor de todo este dispendio es que ha sido sostenido con el endeudamiento asumido por el gobierno. En 2020 la deuda externa de la República Dominicana rondaba los 30 mil millones de dólares y para esta fecha ya anda por los 48 mil millones, lo que representa un incremento superior a los 18 millones en apenas cinco años.

Es de tal naturaleza el endeudamiento que para el presupuesto de este año el Gobierno ha tenido que destinar una suma de 362 mil millones de pesos para el pago de los intereses de la duda pública, una cifra escandalosa que consume el 22% del presupuesto nacional. Solo en el primer trimestre de este año se han erogado 85 mil millones por el pago de intereses, cuando para educación en el mismo período solo se ha desembolsado la suma de 67 mil millones.

En palabras muy simples. Este gobierno ha mal gastado los recursos y nos ha endeudado en gastos corrientes. Los ingresos del Estado no han sido utilizados en obras públicas, salud, seguridad o generación de empleos. Mientras el país espera soluciones y respuestas ante el incremento del costo de la vida, el deterioro de los servicios públicos y la seguridad ciudadana, el Gobierno derrocha el dinero de nuestros impuestos y de los empréstitos en pagar gastos corrientes, subsidios que no se traducen en el bienestar de los ciudadanos y ayuda para los negocios de sus amigos.

Ahora quieren aprovechar el conflicto del Medio Oriente para reclamarle al país que se apriete el cinturón y anuncian un conjunto de medidas que serían adoptadas con fines de enfrentar la crisis. El sacrificio para el pueblo, en vez de decirle al país que eliminarán los gastos excesivos en publicidad, 11 mil millones de pesos; en viajes, combustible y viáticos no indispensables; en el festival de pensiones especiales; en subsidios sin control alguno ni identificación de los beneficiarios; en el permanente crecimiento de la deuda externa y el alarmante aumento de la nómina pública.

El despilfarro del Gobierno debe terminar y comenzar a transparentar el gasto público, pues solo así la ciudadanía podrá confiar en el llamado de austeridad del Gobierno. Al pueblo hay que devolverle la confianza y eso solo se consigue cuando las acciones colectivas anunciadas coinciden con las palabras.
Austeridad para el pueblo, con dispendio del Gobierno es una mala receta, es una austeridad que nadie cree ni acepta, pues esta no es más que un engaño, una austeridad cosmética.

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