Cuando la desgracia nos une

En los últimos años Venezuela había sido sometida a múltiples presiones del Gobierno estadounidense por no avenirse dócilmente a las directrices de Washington, sino más bien convertirse en un ente contestatario o abiertamente un segundo clavo en el zapato de la Administración.

Este fue el discurrir constante desde que Hugo Chávez asumió el poder en 1999, situación que se agravó sustancialmente tras la muerte del comandante bolivariano y la sucesión de Nicolás Maduro.

Como hemos de recordar, el primer tramo de la administración de Maduro fue más o menos tranquilo, situación que dio un vuelco brusco a partir del año 2018 cuando el sucesor de Chávez ganó unas elecciones que fueron desconocidas por Estados Unidos y se montó la pantomima aberrante del llamado “presidente encargado”.

La comedia de Guaidó generó, sin embargo, un masivo reconocimiento en cascada que siguió a la decisión de la Casa Blanca en el primer Gobierno de Donald Trump.

Ha sido una de las cosas más deleznables de las muchas que ha sufrido este continente, una situación que le produjo a Venezuela y a su población un sufrimiento terrible derivado de las privaciones provocadas por las llamadas sanciones, agravadas por la siguiente intromisión extranjera después de las últimas elecciones.

El punto culminante de las acciones punitivas contra Venezuela apareció el 3 de enero de 2026 con el bombardeo a Caracas y otras partes, y, sobre todo, el secuestro de Maduro y su encarcelamiento, junto a su esposa, en una cárcel estadounidense.

Sin embargo, el verdadero golpe contra Venezuela y los venezolanos cayó el miércoles 24 de junio con los dos terremotos sucesivos que destruyeron una masiva infraestructura en Caracas y La Guaira, causando—en lento conteo que permite la remoción de escombros—una cifra cercana a las 2,000 personas fallecidas, más de 4,000 heridos y miles de desaparecidos.

Esta tragedia inmensa ha puesto de manifiesto la solidaridad de los países de la región y de otras partes del planeta, cuyos dirigentes han puesto a un costado las cuestiones ideológicas o las querellas recientes, para acudir en auxilio de la nación bolivariana.

La masiva expresión de compromiso ha puesto de relieve que lo humano se superpone a las cuestiones secundarias, y que lo más importante en estos momentos de seria aflicción es acudir en auxilio. ¡Viva la solidaridad!

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