¿Y si comienzas a abrazar a la persona que eres hoy?

A veces pensamos que sanar significa volver a ser quienes éramos. La memoria tiende a idealizar un pasado en el que no había dolor, y nos consumimos tratando de recrear esa versión. Pero, quizás se trate de recordar quiénes somos más allá de lo que nos ha hecho daño, de reconocer la esencia inquebrantable que sigue ahí, sin importar las circunstancias. Porque más allá de nuestra historia, esta persona que tuvo que pasar por algunas cosas para ser quien eres hoy.

Más que darte respuestas (no solo porque no las tengo) quiero usar una herramienta que trabajamos en coaching: preguntas poderosas.

¿Y si somos más que nuestras heridas?
¿Y si aquello que nos rompió no fue un castigo, sino la transformación que mostró la versión que estábamos destinados a ser, hoy?
¿Y si cada caída fue un lenguaje oculto del alma que te enseñó a mirar el mundo de otra manera?
¿Y si aquello que creíste que era el final, en realidad, era el principio de tu expansión?
¿Y si cambias la perspectiva y te miras no como víctima, sino como sobreviviente de eso?
¿Y si el verdadero valor no está en no haber caído, sino en haberte levantado con cicatrices visibles?
¿Y si hoy hicieras una lista de todo lo que superaste y te dieras cuenta de cuánta vida hay en esa resistencia?
¿Y si te felicitas por haberlo logrado, aun si no saliste ileso?
¿Y si, como los japoneses, encuentras belleza en tus fracturas y comprendes que el oro que las une es tu historia misma?
¿Y si finalmente dejas de sentir que debes aparentar fortaleza y simplemente te permites ser humano?
¿Y si dejas de compararte y reconoces que tu camino tiene su propio ritmo, una melodía que solo tú puedes oír?
¿Y si sueltas todo y a todos los que ya no suman a tu crecimiento, no desde el enojo, sino desde la gratitud?
¿Y si dedicas más tiempo a construir la vida que quieres vivir y menos a lamentarte por la que no fue?
¿Y si crees que es posible lo que sueñas, aunque nadie más lo entienda?
¿Y si caminas con fe, con confianza, sin certezas, pero con propósito?
¿Y si por una vez te convences de que lo mereces, simplemente porque así es?
¿Y si tomas un lápiz y papel y te escribes una carta de agradecimiento por haberte traído hasta aquí, con todo lo que has sido y lo que has dejado atrás? ¿Y si ese gesto de ternura hacia ti mismo es el comienzo de una nueva forma de amor?

¿Y si comprendes que los años que pasaron son parte del pasado… y que este instante, este mismo instante, es tu gran oportunidad de ser tú? Tú, con todo lo que traes, con tus defectos y virtudes, con tus mochilas emocionales, tus heridas y tus cicatrices, tus expectativas y decepciones, sesgos e incertidumbres, esperanzas y miedos…tu, enteramente tu. Y ser TÚ es, por mucho, tu super poder.

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