De las aulas a su tienda: Marleny Hernández y la toga

Es fundadora la primera tienda en República Dominicana especializada en la vestimenta para abogados, los jueces, los fiscales y los estudiantes de Derecho

Gabriela Hungría
Especial para elCaribe

Marleny Hernández conoce de primera mano lo que significa comenzar con poco y soñar en grande. Vive en Santo Domingo y es la propietaria de De Marleny Abogados Vestimenta (Demaave) EIRL, la primera tienda del país dedicada exclusivamente a suplir de manera integral la vestimenta de abogados, jueces, fiscales, estudiantes de Derecho y todo aquel que busque prendas formales de calidad.

En Demaave, las togas son la insignia, pero también se encuentran camisas blancas, corbatas tradicionales y femeninas tipo lazo, pantalones, faldas y artículos exclusivos que sólo se ofrecen en su tienda. Marleny ha logrado crear un espacio que combina elegancia, practicidad y precios competitivos, cuidando cada detalle para que el cliente sienta que ha llegado al lugar correcto.

El origen de este proyecto se remonta a los días en que estudiaba Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Entre clases y prácticas de audiencia, Marleny llevaba consigo un pequeño negocio improvisado: vendía corbatas curso por curso para cubrir sus gastos educativos. “Me les acercaba a los compañeros, les dejaba un volantito con mi nombre y mi contacto, y así me fui dando a conocer”, recuerda. Muy pronto, su número circulaba por los grupos de WhatsApp y las recomendaciones se multiplicaban.

Su madre, aunque no era modista, se encargaba de confeccionar las corbatas. Había crecido rodeada de costura gracias a sus hermanas, y con su máquina fue perfeccionando un patrón hasta lograr un modelo impecable. El boca a boca hizo el resto. A veces, la misma corbata que Marleny llevaba puesta terminaba vendida antes de que acabara el día.

Un pedido inesperado de una colega le abrió otra puerta: “Tú sólo vendes corbatas, porque yo necesito camisas blancas y no tengo tiempo para buscarlas”, le dijo. Así sumó un nuevo producto y, con las ganancias, invirtió en togas, pantalones y faldas. Creó un perfil en Instagram, comenzó a vender de manera virtual y coordinaba las entregas en la biblioteca de la universidad o en estaciones del metro.

No todo fue sencillo. Muchas veces llegaba al punto de entrega y el cliente no aparecía, apagaba el celular o cancelaba a última hora. Pese a las frustraciones, persistió. Al conseguir un empleo, tuvo que dejar el negocio en pausa, pero no por mucho tiempo.

Durante la pandemia de Covid-19, un video suyo explicando cómo hacer un nudo de corbata se volvió viral. Las redes sociales, que se usaban de manera más intensa en ese período, le dieron un nuevo impulso a su emprendimiento. Volvió a recibir pedidos, contrató a un mensajero para los envíos y el negocio “revivió”.

Demaave funciona tanto física como virtualmente, con envíos a todo el país.

Al finalizar la pandemia, combinaba su empleo con la tienda virtual. Por las noches preparaba pedidos y al día siguiente los dejaba listos para el mensajero. “Siempre pensaba en todo lo que quería hacer con mi negocio: una tienda física, más variedad de mercancías, darme a conocer, crecer”, cuenta. Tomó notas, hizo presupuestos y trazó un plan de ahorro.

Cuando llegó el momento de cambiar de vehículo, decidió invertir ese dinero en la tienda física. El dilema fue grande: ¿seguir con un empleo seguro o apostar por su proyecto? Familiares y amigos le aconsejaban no arriesgarse. Sin embargo, Marleny tomó la decisión de renunciar. “No quería quedarme con la inquietud de qué hubiera pasado si lo intentaba”, afirma.

La apertura no fue como esperaba. A la inauguración no asistieron los invitados, los primeros días fueron lentos y, para colmo, enfermó. La realidad contrastaba con la ilusión, y las voces de desaliento se hicieron más fuertes: “No vas a poder vivir de esto, enfócate en tu profesión”. Pero ella sabía que eran etapas necesarias y decidió verlas como parte de su historia.

Hoy, Demaave funciona tanto física como virtualmente, con envíos a todo el país. Hace cuatro meses incorporó a su primera empleada, una joven que —según dice— atiende a los clientes “como si fuera yo, o mejor”. Su enfoque sigue siendo el mismo: innovación, calidad, precios justos y un servicio al cliente impecable.

Marleny reconoce que su negocio es “algo totalmente nuevo” en el mercado dominicano, concebido desde cero. Se le puede contactar vía celular al 829-841-3192, en Instagram como @demaave, en su página web demaave.com, o visitando su local en la Plaza Denisse, local 102, Gazcue, Distrito Nacional, Santo Domingo.

“Demaave no es sólo una tienda —dice con orgullo—, es un sueño hecho realidad con muchos desafíos, altas y bajas, pero con Dios por delante, seguimos creciendo”.

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